sábado, 15 de marzo de 2025

"Nifas" en la ciudad de León

 


Si existe una fuente popular en la ciudad de León es, sin duda, la “fuente del Espolón”. Este pozo artesiano que vierte sus aguas desde su instalación a principios del s. XX en el exterior del recinto amurallado, cerca de Puerta Castillo, ha pasado por distintas etapas y ha mantenido diferentes estructuras, siempre humildes, muy alejadas de otras construcciones consideradas monumentales que se ubican por la ciudad tras la traída de aguas y la constitución de la Junta de Fuentes a mediados del XVIII.


A pesar de su sencillez, siempre ha sido referencia para los leoneses de la zona norte de la ciudad partidarios del consumo de agua artesiana, que acudían a llenar sus recipientes para disfrutar del sabor y la pureza de un agua sin tratar. Así se mantuvo la tradición de obtenerla de los depósitos que forma la naturaleza y que, según los restos arqueológicos, estuvieron protegidos desde el inicio del asentamiento romano por las ninfas del lugar.



Dentro de la compleja y maravillosa mitología greco-romana, las ninfas ocupan un lugar exclusivo a pesar de ser consideradas “deidades menores”. Algunas veces figuran como seres inmortales, pero en realidad son espíritus femeninos de gran longevidad, personificando, el culto y la fuerza creativa de la naturaleza.


Los griegos y romanos percibían en todo lo que les rodeaba las manifestaciones de la divinidad, por lo que el número de ninfas resultaba infinito: montañas, grutas, árboles, valles, bosques, ríos, fuentes, etc., eran portadores de vida. De alguna manera, resultaban encarnaciones de los dioses y las sensaciones percibidas por el hombre en la contemplación de esa naturaleza, eran atribuidas a la acción de aquellas divinidades.


Según el lugar en el que residen adquieren múltiples nombres. De una manera simple: las Oréades son las ninfas de grutas, montañas, valles y ganado; Mélides, Dríades, Hamadríades, Epimélides, etc., son las ninfas de los distintitos tipos de árboles; las ninfas de praderas, bosques y arboledas, eran denominadas LímonidesNapeasAlseides y Auloníades. Por último las ninfas acuáticas que habitan en el mar son denominadas Oceánides y Nereidas, y las de agua dulce procedentes de lagos, ríos, arroyos, pozos o fuentes se las diferencia como Náyades, si bien el genérico de ninfas se utiliza habitualmente para éstas últimas.



Sus relaciones y actividades son diversas: se las ve acompañar, cazar, bañarse y bailar con Diana, son ayudantes de Apolo, del “juerguista” Dionisio o de los lugareños Hermes y Pan. Resultan frecuentemente objetivos sexuales de los sátiros, que resultaban las manifestaciones primitivas del culto a la naturaleza. Eran criaturas pícaras y festivas, a veces violentos y peligrosos, mitad hombre mitad carnero, con cuernos, barba y patas de macho cabrío, gran cola y un permanente priapismo.


En el arte las ninfas son representadas como hermosas jóvenes, desnudas o semidesnudas, con largos y hermosos cabellos, que gustan de cantar, danzar y jugar. Llevan una vida feliz refugiándose en los lugares solitarios de la naturaleza, mostrándose esquivas, tímidas y huidizas.



Son bellas y conocidas las historias que las rodean. Una de ellas, posiblemente la más popular, corresponde a las tribulaciones de la ninfa Eco que, enamorada apasionadamente del hermoso Narciso, hijo de otra ninfa llamada Liríope, fue despreciada y humillada por éste. Eco se fue consumiendo de tristeza hasta quedar únicamente su voz; Némesis, diosa de la venganza, ante el sufrimiento de la ninfa y el ultraje del joven, castigó a Narciso haciendo que se enamorase de sí mismo al ver su rostro reflejado en un arroyo. Como su amor resultaba imposible, la vida de Narciso se extinguió lentamente mirándose en el agua. En aquel lugar surgió una flor, símbolo perpetuo de la hermosura sin corazón: el narciso.


Otra de las bellas fábulas protagonizada por las ninfas y que cobra relevante protagonismo en León gracias al extraordinario mosaico hallado en una villa romana de una localidad cercana a la ciudad, es la que narra la historia de Hilas.



En una de sus múltiples aventuras Hércules se enamoró del hermoso Hilas, llevándolo consigo en la célebre expedición de los Argonautas. Obligados a recalar en Misia para abastecerse, mientras Hércules talaba árboles para fabricar remos y otros miembros de la tripulación se ocupaban de diversas tareas, Hilas recibió el encargo de conseguir agua. De camino al arroyo, las ninfas que habitaban la fuente Pegea lo vieron llegar. Una de ellas, Dríope, se enamoró de él al instante y sin dudarlo pensó tenerlo a su lado para siempre.


Mientras Hilas se disponía con su vasija a recoger agua, Driópe, ayudada por el resto de ninfas, emerge de las aguas y pasa su brazo alrededor del cuello del joven para besar su boca y arrastrarlo al fondo. Hércules pasó días y días buscando a su amante sin resultado alguno, mientras Hilas, después de su unión con la ninfa, se convierte en inmortal tal como simboliza la rama de laurel que crece tras la imagen del héroe en el mosaico leonés, actualmente expuesto en el Museo de la ciudad.


A pesar de la importancia y trascendencia de León como campamento y ciudad romana, los restos arqueológicos no son muy abundantes ni proporcionales a la presencia y cultura latina. No obstante, resultan significativos los testimonios relacionados con el culto a las ninfas, de la que es buena muestra el mosaico citado (pero no la única como veremos), que ponen de manifiesto el interés de los habitantes por aquellas divinidades menores, seguramente poderosamente influenciados por el espacio natural que rodeaba el campamento.


Hace 2000 años, en el sur, este y oeste de la ciudad, hacia la confluencia de los dos ríos, dominaba un paisaje plenamente fluvial, imperando las inundaciones estacionales y las zonas pantanosas que mantenían diversas lagunas alrededor del elevado asentamiento. En el norte el paisaje resultaba agreste debido a las elevadas terrazas conformadas por los ríos Torío y Bernesga y la generosa arboleda, principalmente de robles y quejigos, en la que predominaban los pozos, arroyos y fuentes, como demuestran los cuantiosos descubrimientos de conducciones de agua hacia la ciudad.


El escenario natural representado: humedales, ríos, lagunas, arroyos, fuentes, bosques, monte, etc., era propicio para la “existencia” de ninfas, que serán veneradas por los pobladores de la ciudad, consagrando los lugares de su "refugio o morada". Pero también es un espacio propicio para la caza en el que reinarían las aves en los humedales y, hacia el norte, zona agreste de monte y bosque donde no falta abundante agua, sería habitual encontrar caza mayor: caballos salvajes, cérvidos de todo tipo, jabalíes y, posiblemente, osos.


Como prueba de la existencia de este extraordinario cazadero al norte de la ciudad, es el hallazgo a mediados del siglo XIX, incrustada en la muralla muy cerca de Puerta Castillo, de una de las piezas votivas romanas más interesantes y bellas de la Península: el ara de Diana. Se trata más bien de una “dedicatoria a la diosa” realizada en mármol grisáceo con algunas vetas rojizas, que posee inscripciones en los cuatro costados. La inscripción de la cara principal está en prosa, mientras que en las tres restantes figura en verso.



El ara está consagrada por el legado augustal de la Legión VII Gémina, el general de la legión entre los años 162-166 dC., Quinto Tulio Máximo, gran amante de la caza y probable impulsor de un templo a extramuros de la ciudad dedicado a Diana, en el que depositaría los trofeos logrados: pieles, cornamentas, colmillos, … Dejó admirable constancia de las ofrendas en los versos, que va realizando en el ara a lo largo del tiempo y en función de sus conquistas cinegéticas.


Diana es la diosa virgen de la caza, protectora de la naturaleza y reina de los bosques. Júpiter la armó con arco y flechas y le otorgó como acompañantes un numeroso grupo de hermosas ninfas con las que se dedicaba a su ocupación favorita: la caza.


Pero las ninfas compañeras de Diana no eran las únicas que habitaban en la zona. También están presentes en varias aras votivas, como la que consagra y dedica el imaginifer (portador de la imagen imperial) de la Legio VII Gémina, Quinto Cornelio Antero, junto a un destacamento (vexillati) de la misma, a las ninfas que “habitarían” en el nacimiento de un arroyo o en una fuente significativa por su poder curativo o, tal vez, decisiva en el abastecimiento de la ciudad. Allí podría existir un pequeño templo, un espacio acotado como sagrado, una sencilla capilla o un santuario rupestre dedicado a los espíritus divinos de las ninfas del lugar:


Nymphis / sacrum Q(uintus) Cornelius /

Anteros im / aginifer le(gionis) VII G(eminae) F(elicis) /

cum vexil(l)ati / one v(otum) s(olvit) l(ibens) m(erito)


“Consagrado a las Ninfas. Quinto Cornelio Anteros,

imaginifer de la legión VII Gemina Felix,

en compañía de un destacamento de la misma

cumplió su voto con agrado.”


Tal vez, en el mismo recinto o lugar que lo hizo el imaginifer Quinto Cornelio, otro legado augustal Tito Vitrasio Polión, hijo adoptivo de Pomponio Proculo, junto con su esposa Faustina, situarían sobre el 160 dC., una bella ara votiva dedicada a las ninfas en cumplimiento de un voto, en gratitud de algún bien obtenido o, simplemente, como agradecimiento por la presencia o existencia del curso de agua. El ara hallada incrustada en la muralla, tiene la siguiente inscripción:


Nymphis / T Pomponius / Proculus /

Vitrasius / Pollio cos / pontif pro cos / Asiae leg aug pr /

pr provincia / Moesiae inf et / Hisp Citer / et Faustina eius


“A las Ninfas Tito Pomponio Próculo Vitrasio Polion

cónsul, pontífice, procónsul del Asia, legado augustal,

propretror de las provincias Mesia inferior y Hispania citerior,

juntamente con Faustina su esposa.”



Del mismo modo, resulta probable que las ninfas a las que el imaginifer Quinto Corn
elio y el cónsul Tito Vitrasio Polion junto con su esposa rindieron homenaje, sean las mismas que “habitaban” en la famosa fuente Ameva, fuente conocida por los dos exvotos en forma de ara que les dedicó 20 años antes otro legado augustal de la Legio VII, el general Cneo Lucio Terencio Homullo en el 140 dC. Ambas piezas, de muy parecidas características y casi idéntica inscripción, fueron halladas también alojadas en la muralla leonesa.


El padre Fidel Fita, a mediados del s. XIX, sugiere que la fuente Ameva podría tratarse de la fuente o pozo que surtía de agua a las termas que ocupaban el solar de la catedral. Así todo, no descarta que las aras consagraran el nacimiento de un fructífero artesiano o una nueva obra pública de conducción de agua hacia el campamento, patrocinada o costeada por este legado, que con los años llegará a ser un importante personaje en la historia del Imperio.


Nymphis / fontis Amevi /

Cn(eus) L(ucius) Terentius / L(ucii) (f(ilius) Homullus /

iunior leg(atus) / l(egionis) VII G(eminae) F(elicis)

otra:



Nymphis / fon [tis Amevi] /

Cn(eus) L(ucius) Teren(tius) / L(ucii) (f(ilius) Homullus /

iunior leg(atus) / leg(ionis) VII G(eminae) F(elicis)



“A las Ninfas de la fuente Ameva.

Cneo Lucio Terencio Homullo el joven, hijo de Lucio,

legado de la Legio VII Gemina Feliz.”

Este doble e interesante documento epigráfico realizados en caliza, hace explícitamente referencia a un manantial, a una fuente que debió de ser muy apreciada en la ciudad, bien fuera por la abundancia y pureza de su agua o por sus facultades medicinales. Esta veneración especial dio lugar a que el propio legado augustal, el general de la Legio VII, interviniera personalmente en la dedicación a las diosas protectoras: las ninfas de la fuente Ameva.


Podemos presuponer la cercanía del surtidor al recinto amurallado, donde acudirían con frecuencia los legionarios y demás pobladores del campamento y la cannaba, para disfrutar de las excelencias de su potabilidad o de su poder salutífero, además de poder agradecer, venerar e implorar a las ninfas del lugar en una pequeña capilla, un oratorio rupestre o un espacio sagrado limitado.


Sin duda la fuente Ameva se encontraría al norte-noroeste del campamento (actualmente en terrenos de Navatejera, San Esteban y Ventas de Nava) zona antiguamente boscosa y repleta de fuentes, arroyos y manantiales. Testimonio de ello son los antecedentes que aun quedan o se tiene testimonio reciente. Según Matías Alonso en la obra “Mitos y leyendas de la tierra leonesa”, son varias las referencias a las fuentes en la zona: fuente del Medio, la Mosquitera, de las Huergas, la Valdesera; cerca del complejo hospitalario la Pardala, en una cercana elevación la Portillera, también la Vallina del Fontanal. Al lado de la villa romana la de Valdeiglesias, y más al norte, la Copona y la Fontanilla (¿Fontaninfa?).


En cuanto al pozo artesiano del que hablamos al inicio, la fuente del Espolón, tiene su origen, como ya comentamos, en los primeros años del siglo XX, cuando se realiza y se pone en marcha el nuevo método de obtención de aguas subterráneas mediante sondeos a los acuíferos profundos del Terciario. Estos sondeos artesianos permitieron obtener una calidad y cantidad de agua hasta ese momento imposible de conseguir. Con el tiempo, la profusión de pozos y la ejecución de muchos de ellos en fincas particulares sin medios ni conocimientos técnicos adecuados, produjo un agotamiento de las reservas artesianas, originando en algunos casos, como el de la fuente del Espolón, la obligación de utilizar un medio de bombeo para extraer agua.



Para solucionar la situación, en los años 50 el Ayuntamiento intenta la recuperación de alguna de estas fuentes semiagotadas. En 1951 se realiza una importante perforación en el Espolón. De los 90 metros de profundidad anteriores se alcanzan los 220, obteniendo un caudal importantísimo de 815 l/min., que permitió instalar una gran pila con 12 caños, perdiéndose prácticamente la totalidad por el alcantarillado. Este enorme e innecesario derroche, significó que, en unos pocos años, se agotara prácticamente el acuífero. Aquel surtidor desapareció y durante años estuvo cegado; más adelante se construyó un pequeño caño que relativamente viene satisfaciendo en la actualidad a los deseosos de agua artesiana.



Estamos ante una nueva etapa en la 
fuente del Espolón. Está previsto la instalación inminente de un nuevo surtidor circular de cuatro caños en el lugar, para que los vecinos puedan disponer y disfrutar con más comodidad del único pozo artesiano existente en la ciudad. Esperemos que el vertido este controlado y no suponga un nuevo colapso en el acuífero, para ello, sería conveniente "consagrar" el lugar, elevando y dedicando una nueva ara votiva a las antiguas ninfas leonesas para que protejan el futuro de la nueva fuente.



Diana y sus ninfas sorprendidas por Sátiros. Pedro Pablo Rubens.
- Fuente artesiana del Espolón. Principios del s. XX.
Ninfas y sátiro. William Adolphe Bougereau.
Eco y Narciso. John William Waterhouse.
Hilas y las ninfas. John William Waterhouse.
- Mosaico romano: Hilas y las ninfas. Museo de León.
El ninfeo. William Adolphe Bougereau.
Diana cazadora y sus ninfas. Anónimo (escuela de P.P. Rubens).
- Ara de Diana. Museo de León.
- Ara votiva a las ninfas. Museo de León.
- Ara votiva a las ninfas de la fuente Ameva. Museo de León.
- La Copona.
- 2 Fuente del Espolón. Años 50.

Fuente y ninfas. Peter Lely.

Muchas de las referencias, imágenes y videos se encuentran en Internet dándose debida
cuenta de su origen, no obstante, serán retiradas si así se solicita.






       






domingo, 22 de diciembre de 2024

Los orígenes del Belén

 


La estampa del nacimiento de Jesús y los sucesos que lo rodean, como puede ser la "Adoración de los Magos" o el "Anuncio a los Pastores", son historias que están siempre presentes en los belenes. La base para la construcción de estas y otras escenas se encuentra en dos de los llamados Evangelios Sinópticos o Canónicos, los de Lucas y Mateo, pero también en los textos no reconocidos por la Iglesia, los denominados Evangelios Apócrifos, que son más pródigos en pinceladas y detalles que aportan una mayor simpatía y ternura al suceso.


Se considera a Francisco de Asís el creador y precursor del belén, por la representación que realizó en el año 1223 en la localidad italiana de Greccio, a medio camino entre Asís y Roma. Su presencia en ese lugar cuenta con una curiosa leyenda. Francisco visitaba la aldea periódicamente para predicar, lo que supuso que, con el tiempo, sus habitantes le pidieran que permaneciera junto a ellos. Giovanni Velita, señor de Greccio, decidió edificar una casa para Francisco y sus hermanos.

El Santo receló del ofrecimiento, temiendo que el contacto permanente con la población, les hiciera olvidar y perder sus prácticas eremíticas, pero al final cedió con la condición de que el convento fuera construido, al menos, a un tiro de piedra. El señor de Greccio, que era ya anciano y se desplazaba con dificultad, eligió a un niño para que lanzara un tizón encendido lo más lejos posible y, para sorpresa de todos, el proyectil describió una inmensa parábola estrellándose contra un monte rocoso a más de dos kilómetros de distancia. En aquél pedregal se excavaron algunas grutas acondicionándolas para vivienda de todos los hermanos; de esta manera, Francisco y sus seguidores consiguieron permanecer suficientemente alejados de la población.



"Qué miran en la tierra, qué contemplan? a Aquél, entorno al cual los astros giran, gran Astro del amor, del regazo santísimo escurrirse, y de Francisco, en brazos, dormirse acunado sobre su corazón"  (Jacinto Verdaguer)

Y allí, en Greccio, en el valle de Rieti, se produjo la primera representación viviente del nacimiento de Jesús el día de Navidad de 1223. A pesar de que el Papa Inocencio III había prohibido en 1207, solo dieciséis años antes, las teatralizaciones sagradas, Francisco consiguió de su sucesor Honorio III, una dispensa para realizar dicha celebración.


Con varios días de antelación hizo preparar en una de las cuevas cercana al monasterio un pesebre con heno, y dispuso que se trajera al lugar una mula y un buey. A medianoche acudieron a la cueva para celebrar la misa todos los hermanos, además de los vecinos de Greccio y los campesinos de las aldeas vecinas, que iluminaron el recinto y sus alrededores con antorchas.



Francisco celebró la misa sobre el pesebre y en la lectura del Evangelio, en el momento que llegó al pasaje: “Gloria a Dios en las alturas, paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”, una luz azul iluminó la cuna y todos pudieron ver a Francisco inclinarse y después incorporarse con un recién nacido en los brazos. El niño, sonriendo y agitando sus menudos pies, tendió sus brazos y acarició la barba y mejillas de Francisco, mientras este lo alzó gritando: “¡Hermanos, éste es el Salvador del mundo!"


Si bien puede resultar excesivo asegurar que aquella noche de Greccio fue el origen de las representaciones del Nacimiento, sin embargo, está justificado considerar el suceso como el punto de partida de un fenómeno con una difusión posterior extraordinaria en todo el mundo. Los franciscanos, a ejemplo de su fundador, se convirtieron en los pioneros del "Belén" en las iglesias y conventos que abrieron por toda Europa. Por ello, desde 1986, San Francisco de Asís es considerado el patrón universal del belenismo.




- Natividad. John Singleton.
- Greccio. Italia.
- La Navidad de San Francisco. Giotto.
- Cueva de Greccio.


sábado, 22 de junio de 2024

Solsticio de verano o la Puerta del Infierno

 


Solsticio viene a significar “parada del Sol”. Y es así. En el hemisferio norte durante dos o tres días nuestra estrella parece que se detiene en la bóveda celeste, antes de que la Tierra invierta el sentido de su giro para alejarse del astro. Entre el 21 y 24 de junio el Sol muestra su máximo esplendor, son los días en los que el reinado de las tinieblas es más corto. 

No resulta difícil comprender el fuerte simbolismo del solsticio de verano en un mundo en el que la supervivencia se ajustaba a los ciclos que marcaba la naturaleza. Era el momento intermedio entre la siembra y la recolección y su celebración es tan antigua como la misma humanidad. Para el hombre la continuidad del Sol era la garantía del crecimiento de las cosechas, la persistencia del ganado y de su propio bienestar; por esta razón se encendían hogueras y se realizaban todo tipo de ritos de fuego con el fin de ayudar al Sol a renovar su energía.

Como todas las fiestas y tradiciones paganas, la fiesta del solsticio de verano se sacralizó por los cristianos conmemorando el nacimiento de Juan el Bautista. El Evangelio de Lucas (1,38) cita que, los días siguientes a la Anunciación, María fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se encontraba en el sexto mes de embarazo. Con la lectura del texto de Lucas, no fue difícil fijar la solemnidad de Juan el Bautista que serán seis meses antes del nacimiento de Cristo el 24 de diciembre, concretamente el 24 de junio.

Curiosamente las fiestas de los santos siempre se celebran el día de su muerte, pero en el caso del Bautista se hace una excepción y se conmemora el día de su nacimiento. San Juan Bautista es considerado por la Iglesia el “príncipe” del santoral cristiano, al ser ya santificado en el vientre de su madre. Es el “precursor”, el elegido para anunciar la proximidad del Redentor, el denominado sol de soles. Como señaló el propio San Juan, “Es preciso que Él crezca y yo mengüe”. Y esto concretamente es lo que ocurre en el solsticio de verano, el Sol comienza a perder lentamente su fuerza.


Entre los antiguos griegos a los solsticios se les llamaba “Puertas”. El solsticio de invierno era la denominada “Puerta de los dioses”, mientras que el solsticio de verano, el 21 de junio, era la “Puerta de los hombres”, también llamada la “Puerta del Infierno”. Los dos solsticios, verano e invierno, son las puertas, el umbral, el paso hacia el inicio y el final, las puertas que daban paso a los cambios importantes y trascendentes que se imponían en la Naturaleza.



Los romanos contaban entre su numeroso panteón con la figura de Jano, dios de los solsticios, el dios de las “puertas” (en latín “ianua” = la puerta), el dios de los inicios y los finales, de los misterios, de la iniciación, pero además el guía y mentor de los constructores. Se le representa normalmente con dos rostros, dos caras, ahí su denominación de Jano bifronte, las dos caras unidas aunque opuestas entre sí y coronadas por la luna creciente.

La mitología cuenta que Saturno al ser destronado por su propio hijo Júpiter, se cobijó junto al dios Jano y en reconocimiento le confirió la facultad de ver el pasado y el futuro simultáneamente para poder obrar con sabiduría en el presente. Es el prototipo del hombre iniciado, dotado de plena conciencia, iluminado. Jano es el maestro, el señor del conocimiento y el que facilita el acceso a los iniciados para llegar a los misterios.

El culto a Jano se trasmitió a los constructores y canteros medievales y de esta manera, pasó a la construcción e iconografía cristiana bajo el culto de los “dos San Juanes”: el Bautista, cuya festividad se produce en el solsticio de verano (el 24 de junio), y el Evangelista en la celebración del solsticio de invierno (el 27 de diciembre), siendo representados casi siempre con aspecto atractivo y juvenil, y, en cierto modo, como personajes con fisonomía andrógina.



De esta manera, los dos Juanes sustituyen al pagano Jano, partiendo las dos fases del ciclo anual en la Naturaleza. El Bautista “abriendo” la puerta del solsticio de verano, y el Evangelista “abriendo” la puerta del solsticio de invierno.

No se puede negar que la noche de San Juan, fiesta leonesa por excelencia, es la noche especial del año. Como afirma el historiador de las religiones, el rumano Mircea Eliade,  en esa noche sucede algo especial, distinto, es una noche mágica, que invita a contemplar, a saltar o a bailar alrededor del fuego.



- Stonehenge
- Visitación. Diseño Rafael. Museo del Prado.
- San Juan Bautista de Leonardo da Vinci
- Jano Bifronte. Museos Vaticanos.
- Catedral de Chartres. Los dos Juanes.
- San Juan Evangelista. Rubens
- San Juan Bautista. Caravaggio
 


miércoles, 20 de marzo de 2024

"La Pietà" leonesa: Nuestra Señora del Mercado

 


Faltan escasos días para que recorra las calles de León en las Vísperas del Viernes de Dolores, la imagen titular de la Iglesia del Mercado: "Nuestra Señora del Mercado, Antigua del Camino". Popularmente La Dolorosa o La Morenica, a quien acompañan desde el siglo XVIII cientos de mujeres con luminarias que llenan de devoción y olor a cera las calles de la ciudad antigua, señalando el comienzo de la Semana Santa en la capital.

Nuestra Dolorosa representa una iconografía muy conocida que lleva el nombre italiano de Pietà. Y no precisamente porque las representaciones italianas sean las más antiguas, sino por la popularidad que adquirieron algunos ejemplos realizados por Botticelli o Tiziano, o la más conocida ejecutada por Miguel Ángel: la Pietà del Vaticano.


Estas tallas muestran a la Virgen sentada sosteniendo sobre sus rodillas el cuerpo de Jesucristo tras ser desclavado de la Cruz. Toma diversos nombres según el tiempo y el lugar: Virgen de la Piedad, Virgen del Traspaso, Virgen de la Amargura, Virgen de la Caridad, Virgen de la Soledad, Virgen de las Angustias, Virgen Dolorosa, … Es popularmente conocida también como “Sexta Angustia”, aunque existen grandes equívocos al respecto, ya que, a lo largo del tiempo e incluso en la actualidad, se define erróneamente estas representaciones como “Quinta Angustia”. Lo veremos más adelante.

Es, sin duda, el tema más humano de la Pasión. Esta iconografía tiene una gran similitud con la imagen de la conocida como Virgen de la Humildad, de claro origen italiano, y en la que María aparece sentada en el suelo mientras amamanta al recién nacido en una actitud maternal. En la Pietà el pequeño Jesús es sustituido por el Hijo torturado, crucificado y muerto. Es una imagen que refleja la desesperación y el dolor, pero también una rebelión contra la realidad insufrible y, a veces, un profundo desamparo y resignación.

A pesar de la posibilidad de antecedentes italianos, las primeras representaciones de la Piedad, de la Dolorosa, se inician en Alemania, en los claustros de religiosas del valle del Rin. Esta presencia en los conventos femeninos se debe a que el tema es fruto de la mística de la Baja Edad Media, que toma como referencia la conocida loa religiosa escrita por el franciscano Jacopone de Todi a finales del s. XIII, que ensalza los sufrimientos de María en su conocida obra Stabat Mater (“Estaba la Madre …”). Posteriormente es desarrollada por la literatura piadosa franciscana, dominica y cisterciense, y que fue pieza fundamental en el contenido de los Breviarios de Pasión utilizados en las congregaciones de monjas.

Las primeras tallas, de pequeño tamaño, resultan muy expresivas. Como ejemplo, la más antigua que se conserva datada a comienzos del s. XIV, la Piedad de Roettgen, actualmente en el Museo de Bonn, de 88 cm., considerada como una de las representaciones más conmovedoras del arte cristiano. De autor anónimo y realizada en madera policromada, esta primera muestra representa a María como Dolorosa, sobrecogida por el dolor que supone sostener sobre su regazo al Hijo brutalmente torturado y muerto, con la cabeza coronada de espinas y las múltiples heridas abiertas y sangrantes, entre las que sobresale la llaga del costado.

Estas imágenes, esta iconografía se la conoce también como “Vísperal”, en clara alusión a las Vísperas del Viernes Santo, hora litúrgica que coincide con el atardecer, momento en el que se piensa que Jesucristo fue desclavado de la Cruz y puesto en brazos de su Madre.

En el s. XV la rigidez de estas primeras representaciones se trasforma en formas y figuras más amables influenciado por el estilo del momento. Ahora María es más joven, el tamaño es real y manifiesta un dolor más contenido ante el cadáver de Cristo.


La representación de la Piedad varía también en su composición. De los dos personajes habituales, puede derivar a cuatro añadiendo al conjunto María Magdalena y San Juan. Éste último, normalmente, atiende la cabeza de Cristo, mientras la Magdalena se encuentra a los pies del crucificado. También pueden existir conjuntos de seis, siete u ocho; los cuatro personajes ya citados se completan con una de las dos parejas formadas por María Salomé y María Cleofás o bien, por Nicodemo y José de Arimatea o, en otros casos, se representan todas las figuras nombradas.

En la creación de esta imaginería influye también poderosamente el desaliento de los habitantes de centroeuropa, que padecen en aquel tiempo dos grandes sucesos: la Guerra de los Cien Años (entre 1337 a 1453) y la Peste Negra (del 1346 y 1347). En medio de estos dos terribles acontecimientos, los artistas renuevan la iconografía tradicional, fijándose principalmente en los episodios de la Pasión, con escenas patéticas que tratarán de conmover y originar compasión entre los devotos cristianos que, sobre todo hacia la mitad del XIV, conocerán una vida repleta de peligros y dificultades.


Además, durante el Barroco y siguiendo los preceptos del Concilio de Trento encaminados a remover la devoción entre los fieles, esta imaginería obtuvo gran popularidad y, aún hoy, continúa siendo una de las imágenes de la Pasión más populares, además de protagonista en centenares de desfiles procesionales durante la Semana Santa, a pesar que expresamente, el tema de la Piedad no se menciona en los Evangelios, donde solo aparecen referencias al dolor de María en San Lucas (2, 35): “ … y una espada atravesará el corazón para que se descubran los pensamientos de todos”.

Santa Brígida de Suecia en sus Profecías y Revelaciones, escribe: “A medida que todos se iban marchando, vino un hombre, y le clavó una lanza en el costado con tanta fuerza que casi se le salió por el otro lado. Cuando le sacaron la espada, su punta estaba teñida de sangre roja y me pareció como si me hubieran perforado mi propio corazón cuando vi a mi querido hijo traspasado. Después lo descolgaron de la cruz y yo tomé su cuerpo sobre mi regazo. Parecía un leproso, completamente lívido. Sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca tan fría como el hielo, su barba erizada y su cara contraída”.

En la célebre Leyenda Dorada, Santiago de la Vorágine habla en uno de sus capítulos de la Virgen de la Piedad basándose en el Evangelio de San Juan ( 19, 25-27): “La Virgen, Madre de Dios, pues lo había engendrado, permaneció junto a la Cruz en que su hijo agonizaba transida de inmensa aflicción. Los dolores de esta madre fueron tan intensos al ver morir de aquel modo a su Hijo que casi murió también ella de compasión.”

La propia Santa Teresa de Jesús, en una de sus visiones místicas ocurrida en Sevilla en 1575, relatará el suceso vivido: “… estando en maitines, el mismo Señor, por visión intelectual, tan grande que casi parecía imaginaria, se me puso en los brazos a manera como se pinta la “Quinta Angustia”. Hízome temor harto esta visión, porque era muy patente y tan junta a mí, que me hizo pensar si era ilusión.”

Estas dos últimas citas, no dejan de ofrecer grandes dudas y confusionismo que llegan hasta la actualidad. La imagen de la Piedad, ¿es la Quinta o la Sexta Angustia?

Las conocidas “siete angustias”, “siete dolores”, son un conjunto de sucesos de la vida de la Virgen María, que poseen también origen alemán. Fueron instituidos y celebrados por primera vez en 1423 en la ciudad de Colonia por el obispo Teodorico de Meurs, y tenían como objetivo reparar las burlas que los herejes husitas (Bohemia) hacían de las imágenes de Cristo y de la Piedad.

Así todo, aunque su origen haya sido éste, no podría faltar en las devociones y celebraciones cristianas, la trasferencia de la mitificación del dolor y del sufrimiento a la figura femenina. En una religión como la cristiana, en la que el dolor está omnipresente. Frente a la figura del hombre, de Cristo torturado y crucificado, tiene que existir la Madre Dolorosa. Estos son los siete dolores, las siete angustias de María:

1º La profecía de Simeón.
2º Huida a Egipto.
3º Pérdida de Jesús en el Templo.
4º Encuentro de María con Jesús camino del Calvario.
5º Agonía y muerte de Jesús en la Cruz.
6 º Descendimiento de Jesús a los brazos de María
7º Entierro de Cristo.

Así se completan los “siete dolores”, las “siete angustias”, los “siete cuchillos” que atraviesan el corazón de María. El número de dolores se fue incrementando hasta llegar a alcanzar la cifra de ciento cincuenta, aunque siempre a prevalecido el número “siete” que, verosímilmente, se sostuvo por la trascendencia de dicha cifra en la mayoría de las culturas y en particular en la forma de pensar medieval. Tienen su correspondencia, por ejemplo, con las siete horas del Oficio Divino e igualmente con los siete gozos de María. Como curiosidad, señalar que el número siete se utiliza frecuentemente en la Biblia: en el Antiguo Testamento el número 7 aparece 77 veces.

La devoción a los Dolores, a las Angustias de la Virgen María fue extendida especialmente por los servitas, Orden fundada por siete patricios de Florencia a mediados del siglo XIII. La historia nos cuenta cómo se reunían estos hombres piadosos y cómo, poco a poco, fue surgiendo la Orden de los Siervos de la Virgen o Servitas, cuyo principal cometido era el meditar sobre la Pasión de Cristo y los Dolores de su Madre.

Anteriormente ya hemos mencionado que la figura de la Piedad, es denominada frecuentemente como Quinta Angustia. La distinción en las representaciones de las denominadas Quinta o Sexta Angustia está bastante clara. Se considera Quinta Angustia toda aquella imagen de la Virgen que se encuentre en el Calvario, a los pies de Cristo agonizante o muerto en la Cruz.

La Sexta Angustia serían todas aquellas imágenes que muestran a María con el cadáver de Cristo en sus brazos, pero también las escenas que representan el Descendimiento, poco antes de la entrega del cuerpo del Hijo a María. El conocido cuadro de Matías Grünewald sería el perfecto ejemplo de representación de la Quinta Angustia. Es una obra impresionante y desgarradora que representa la Crucifixión en toda su crudeza.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la imagen de la Piedad, tradicionalmente es denominada como Quinta Angustia (y no sexta)y todavía en muchos lugares, a muchas tallas, en muchas cofradías y hermandades, en todo tipo de bibliografía antigua o moderna y por muchos autores, se denomina de esta manera. Parece ser que el equívoco se origina al encontrarse en la mayoría de los devocionarios medievales y modernos, la referencia a esta iconografía como Quinta Angustia, por lo que es constante este apelativo al referirse a las imágenes de La Piedad.



- La Morenica.
- La Piedad. Miguel Ángel.
- Nuestra Señora de las Angustias. L.S. Carmona. S. XVIII. Parroquia San Martín de León.
- Piedad de Roettgen.
- Nuestra Señora de las Angustias. Guillermo Doncel. S. XVI. Iglesia Santa Nonia de León.
- Quinta Angustia. Monasterio de Santa María de Sandoval. León.
- La Quinta Angustia de Santa Teresa. Beatriz Barrientos.
- Virgen de los Siete Dolores. Vrouwekert.
- Nuestra Señora del Camino. S. XVI, anónimo. Santuario Virgen del Camino. León.
- Crucifixión de Matías Grünewald.
- Nuestra Señora del Mercado, Antigua del Camino.